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Re: La vida no se ordena quimicamente sola.

Von: Suzudo El Creacionista (evolucionismo@cuento.es) [Profil]
Datum: 20.10.2008 14:20
Message-ID: <gdht20$7g3$1@aioe.org>
Newsgroup: es.charla.politica.misc es.charla.actualidad es.charla.religion
"Suzudo" <suzudousenet@hotmail.com> escribió en el mensaje
news:gdhsbt$6ou$1@cormoran.emeteo.local...
> -----BEGIN PGP SIGNED MESSAGE-----
> Hash: SHA1



Actualmente la mayoría de la gente ha caído en tal engaño,
tragándose el
cuento de que la teoría de la evolución es cierta, ¡que jamás
se le
ocurriría ponerla en tela de juicio o dudar de ella! Es más, muchos que se
dicen cristianos automáticamente prestan fe a los «sumos sacerdotes» de
la
moderna «vaca sagrada» -la ciencia- y se tragan la mentira de la
evolución,
ignorando la advertencia bíblica de que «¡evitemos las profanas
pláticas
sobres cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia!»
(1Timoteo 6:20) ¡Este pasaje de las Escrituras se aplica perfectamente al
evolucionismo, toda vez que éste no es de ninguna manera una verdadera
ciencia!
Hasta tal punto se ha dejado engañar el mundo, que la mayor parte de
los textos de biología actuales se refieren al evolucionismo como «el gran
principio» de dicha ciencia. No obstante, según el diccionario, un
«principio» es una «verdad fundamental» o «hecho
comprobado», ¡y no existen
pruebas que confirmen la teoría de la evolución! Es una doctrina que hay que
aceptar por fe. Sin embargo, en 1959, durante la celebración del Centenario
Darwiniano en Chicago, Sir Julian Huxley, dirigiéndose a una asamblea de
2500 delegados allí reunidos, dijo: «El evolucionismo no da cabida a lo
sobrenatural... Todos aceptamos la evolución como un hecho... La evolución
de la vida ya no es una teoría. Es un hecho... constituye la base de todo
nuestro pensamiento». ¡Pero un «hecho» que no se puede comprobar,
no es un
hecho! En las siguientes páginas, pues, presentaremos por qué el
evolucionismo no es una verdad demostrada, sino una mera teoría.
La esencia de la teoría de la evolución es la gran suposición de que
de
algún modo la vida surgió de lo inanimado por azar; que «por pura
`casualidad` las sustancias químicas precisas se encontraban en el lugar
indicado, debidamente dispuestas, en el momento oportuno y en condiciones
óptimas, y que mediante un misterioso proceso electroquímico -PUF-,
¡se
originó la vida por sí sola!» Eso afirman dogmáticamente los
evolucionistas.
No obstante, y tal como afirmó Edwin Conklin, profesor de biología de la
universidad de Princetown: «La probabilidad de que la vida se haya originado
por casualidad es tan inverosímil como suponer que un gran diccionario
resultase de una explosión en una imprenta».
En cuanto a la llamada «célula simple», a partir de la cual,
según
dicen los evolucionistas, evolucionaron todos los seres vivos, la revista
«Look» declaró: «¡La célula es tan compleja como la
ciudad de Nueva York!»
Igualmente, el evolucionista Loren Eisley admitió en su libro «The Immense
Journey» (El viaje inmenso) que «intensos esfuerzos revelaron que aun la
ameba, la cual se suponía simple, es en realidad una compleja fábrica
química autosuficiente. El concepto de que no era más que una masa simple
resultó ser, en el mejor de los casos, ¡una monstruosa y ridícula
deformación de la verdad!»
¿Te imaginas que un diccionario, o una fábrica de productos
químicos...o la ciudad deNueva York....empezasen a existir solitos, como por
arte de magia -PUF-, sin la intervención de ningún diseñador,
planificador o
creador inteligente? ¡Tal es la «lógica» de la evolución,
que supone que la
infinitamente compleja célula «simple» se formó accidentalmente
y luego
cobró vida sin más ni más, por pura coincidencia, sin que nadie
interviniera! Al comentar esta hipótesis, el biólogo británico
Woodger dijo:
«¡Es dogmatismo, ni más ni menos, sostener que aquello en lo que uno
quiere
creer, de veras llegó a ocurrir!»
¡De acuerdo con la Biblia, todos los seres vegetales y animales
actuales se enmarcan dentro de determinadas especies fijas, cada una de las
cuales fue creada individualmente por Dios y conserva su forma actual desde
la Creación! El evolucionismo, no obstante, sostiene que todas las formas de
vida cambian continuamente y «evolucionan», transformándose en otras
«más
avanzadas», y que por consiguiente no existen «especies» determinadas;
¡todas las formas de vida guardan relación entre sí toda vez que
evolucionaron a partir de un antepasado común, y aun hoy en día se
encuentran en constante estado de transformación! ¡Eso alegan los
evolucionistas!
Esto está en franca contradicción con la Palabra de Dios que declara
que todas las criaturas vivas fueron creadas por él «según su
género»,
capaces de dar semilla o fruto «según su género». (La palabra
«género»
corresponde al vocablo hebreo «min», que hoy se traduciría con
más precisión
como «especie».)
¡Nunca se ha sabido ni ha llegado a comprobarse que un perro se
convirtiese en gato, ni un gato en perro! ¡Hay toda clase de perros y gatos,
mas no existen perros-gato ni gatos- perro! ¡Dios creó todos los seres
«según su género», y les es imposible transformarse en otro!
Este hecho perturbó al propio Darwin, que se hizo la siguiente
pregunta: «Si es cierto que todas las especies han descendido de otras a
través de una sutil gradación, ¿cómo es que no vemos por todas
partes
innumerables formas de transición? ¿Por qué no se halla la naturaleza
entera
en estado de confusión, en lugar de estar las especies bien definidas tal
como las vemos?» ¡La respuesta a la pregunta que se planteó Darwin es
sencilla! Bastaba con que hubiera leído el capítulo primero del
Génesis para
saber que las especies no descendieron unas de otras, sino que fueron
creadas ordenadamente por Dios en «géneros» fijos; ¡por eso no
está la
naturaleza sumida en un estado de confusión!
Hay, sin embargo, quienes preguntan: «¿Acaso no han producido nuevas
especies de plantas, y animales híbridos, los científicos que vienen
haciendo investigaciones en el campo de la genética ? ¿No demuestra eso que
especies totalmente nuevas pudieron haber evolucionado a partir del cruce de
padres de distintas especies?» No. La definición aceptada de
«especie» en
los medios científicos es la de «grupo de organismos que se cruzan
libremente produciendo descendencia fértil». ¡Los escasos
híbridos que se
pueden producir no son «descendencia fértil», sino estéril! Como
lo reconoce
la enciclopedia «Collegiate»: «La infertilidad de los híbridos es
un
mecanismo por el que las especies se conservan claramente definidas».
El propio Dios ha impuesto la barrera de la esterilidad para evitar el
cruce desordenado de los «géneros» originariamente determinados por
él.
Claro ejemplo de ello es la mula, que es un híbrido engendrado por el cruce
de un burro con una yegua. Aunque exteriormente parece ser una nueva especie
o «género», resulta imposible que una mula y un mulo se reproduzcan. La
única forma de seguir produciendo mulas es cruzando burros con yeguas. Este
principio biológico establecido por Dios fue constatado por Richard B.
Goldschmidt, evolucionista y profesor de zoología, que escribió:
«Jamás se
han traspasado los límites de las especies, los cuales se hallan separados
de los límites de la siguiente especie por un abismo infranqueable: la
esterilidad».
Puede que te preguntes: «Pero ¿qué hay de los extensos experimentos
realizados con radiación que han llegado a producir verdaderas mutaciones y
alteraciones en diversas criaturas como la mosca de la fruta? ¿No nos
brindan suficientes pruebas de que mutaciones semejantes podrían constituir
el `componente básico de las transformaciones evolucionistas`, como las
llamó sir Julian Huxley, y como afirman la mayoría de los científicos
y
educadores actuales?»
Tendríamos que responder que si bien en incontables experimentos las
moscas de la fruta fueron sometidas a bombardeos de radiación que dieron
lugar a muchas mutaciones, éstas no produjeron más que deformidades, como
cuerpos enanos, alas mermadas, y otras; ¡pero nunca dieron lugar a un nuevo
«género»! ¡Ninguno de los miles de experimentos
científicos realizados con
mutaciones ha producido jamás una nueva especie animal o vegetal, ninguno!
Todos los genetistas y evolucionistas, secundados por sus muchos
conocimientos, e intelecto... trabajando en laboratorios, en circunstancias
«perfectas»... y valiéndose de las más modernas técnicas
de radiación (que
multiplica un millón de veces la probabilidad de que se produzcan
mutaciones), ¡han fracasado rotundamente, no pudiendo cambiar ni transmutar
un solo «género» en otro! ¡Ni siquiera lo logran cuando lo
intentan
deliberadamente en circunstancias ideales! ¡Sin embargo, estos mismos
evolucionistas nos piden que creamos que los millones de formas de vida que
habitan hoy en día sobre la tierra -con toda su variedad, belleza y
complejidad- se produjeron por puro azar, sin la intervención de ningún ser
inteligente!
Para ilustrar el efecto de las mutaciones genéticas en un organismo, H.
Kalmus hizo la siguiente declaración en su libro «Genetics»
(Genética): «Una
comparación popular sería la del reloj; en caso de que cierta parte del
mecanismo resulte alterada por un cambio, es muy improbable que el reloj se
perfeccione por efecto del accidente».
Un impresionante ejemplo de los efectos negativos de las mutaciones de
genes ocurrió en Hiroshima y Nagasaki (Japón) a fines de la Segunda Guerra
Mundial. Los individuos que lograron escapar de una muerte instantánea tras
el lanzamiento de pavorosas bombas atómicas sobre aquellas ciudades , se
vieron expuestos a diversos grados de radiación atómica, que dejó
como
secuela miles de mutaciones. Ninguna de ellas produjo ningún nuevo prototipo
de ser humano más avanzado y superior como el evolucionismo nos llevaría a
suponer. ¡Antes, las lastimosas víctimas de estas mutaciones de genes
sufrieron deformidades, daños y muerte!
Otro argumento decisivo es que de ser cierto este complejo entramado de
inventos y fábulas llamado la evolución, ¡ya debieran haberse
desenterrado
eslabones perdidos en cantidades industriales! ¿No es verdad? De haber
evolucionado las especies durante miles de millones de años,
¡encontraríamos
eslabones perdidos hasta en la sopa! Así y todo, luego de 130 años de
excavaciones arqueológicas y paleontológicas, cientos de millones de
fósiles
han sido extraídos de todo tipo de estratos rocosos fosilíferos, ¡y
ninguno
de ellos constituye una «forma de transición» o eslabón perdido!
¡Evidentemente todos pertenecen a especies definidas! De hecho, ¡se estima
que se han encontrado y clasificado más de 100.000 especies de fósiles bien
determinadas! ¡Sin embargo, ninguna ha resultado ser un
«eslabón»!
Recientemente, A.S. Romer, profesor de zoología de la universidad de
Harvard, resumió la actual situación de la siguiente forma: «Hay
eslabones
perdidos precisamente en los puntos de la cadena donde con mayor fervor los
deseamos, y es muy probable que estos `eslabones` sigan faltando».
¡No hay hombres-mono, ni tampoco monos- hombre, y toda esa patraña que
uno lee y ve ilustrada en la mayoría de los textos modernos de biología no
son más que diabólicos disparates! Darwin sostenía: «Los simios
(monos) se
bifurcaron en dos grandes ramas, los del Nuevo Mundo y los del Viejo Mundo;
y de éstos últimos, en una época remota, salió el
hombre». Sin embargo, los
científicos no tardaron en comprender que era imposible reconstruir una
cadena evolutiva medianamente creíble en la que se demostrara que el hombre
descendía directamente de los simios. ¡Por eso fraguaron una nueva
teoría!
¡Ahora los evolucionistas modernos sostienen que el hombre no desciende
de los monos, sino de un primate aún más primitivo que resultó ser el
antepasado común de simios y hombres! No obstante, tal como confesaron los
destacados evolucionistas autores del libro «Los primates»:
«Desafortunadamente, las primeras fases del progreso evolutivo del hombre a
lo largo de su línea particular siguen siendo un gran misterio». La revista
«The Scientific American» se pronunció en términos semejantes:
«La
naturaleza de la línea evolutiva que conduce al hombre actual sigue siendo
una cuestión puramente teórica».
Pese a todo esto, la mayor parte de los evolucionistas actuales
insisten en que el hombre descendió de los primates. Para «demostrar»
su
teoría, se basan en los australopitecos («hombres-mono» del sur), cuyos
fósiles fueron desenterrados en áfrica en años recientes y que
afirman que
son «el eslabón perdido». ¡Basta, sin embargo, con examinar
más de cerca a
los australopitecos para darse cuenta de que en ningún caso se tratan de
especímenes «humanos»! Por ejemplo, su cerebro no tenía sino una
tercera
parte del volumen del cerebro del hombre. Aun así, algunos evolucionistas
teorizan que sabían fabricar herramientas y, por tanto, eran hombres. ¡Esto,
no obstante, es un asunto sumamente controvertido en los círculos
evolucionistas! El famoso antropólogo J.T. Robinson afirma que no eran estos
supuestos «hombres-mono» los que fabricaban utensilios, sino verdaderos
hombres. Otro evolucionista, LeGros Clark, advirtió: «No existen claros
indicios de que poseyeran ninguno de los atributos especiales que comúnmente
se asocian con los actuales seres humanos». El evolucionista R.L. Lehrman
escribió: «El australopiteco era simplemente un simio erecto e inteligente,
pero no un hombre. Su pequeño cráneo con cejas pronunciadas era igual al de
cualquier simio».
También está el «pitecántropo erecto», al cual para
abreviar, lo
apodaron «hombre de Java». Fue «descubierto» por el profesor E.
Dubois,
discípulo de Ernest Haeckle (evolucionista alemán que urdió y fue
sorprendido en varios fraudes científicos. Elogió y promovió la
teoría de la
evolución como medio con el que aspiraba destruir el cristianismo, y fue el
primero en inventarse el imaginario «árbol genealógico»
evolutivo.)
¡Poco se imagina la persona mal informada que el hombre de Java fue
«reconstruido» a partir de tan solo un pequeño fragmento de
cráneo, tres
dientes y un fémur, hallados a 20 metros de distancia entre sí en el lecho
de un viejo río de Java! Tampoco nos dicen los evolucionistas que habiendo
el mundo aceptado este «eslabón», el propio Dr. Dubois confesó
que el
llamado «hombre de Java» no era ningún «hombre primitivo»,
¡sino un gibón
arborícola gigante! En efecto, después de estudiar sus fósiles con
mayor
detalle, ¡Dubois tuvo la honestidad de llegar a la conclusión de que el
«hombre de Java» no era sino un simple mono extinto -no mitad mono, mitad
hombre-, lo cual anunció con plena seguridad! ¡No era el
«eslabón perdido»
después de todo!
Con relación al siguiente homínido, el «hombre de Piltdown» o
eoántropo
de Dawson, la »Enciclopedia Británica», en su edición de 1946,
decía: «Este
descubrimiento, el siguiente en importancia, fue hecho por el señor Charles
Dawson en Piltdown, Sussex, entre los años 1911 y 1915. Encontró la mayor
parte del lado izquierdo de un cráneo humano profundamente mineralizado, y
además parte del lado derecho; también la mitad derecha de la
mandíbula
inferior, la cual conservaba aún el primero y el segundo molar. Actualmente
los estudiosos británicos ya coinciden en que el cráneo y la
mandíbula
pertenecieron a un mismo individuo».
¡No obstante, más adelante se descubrió que la la resurrección
del
hombre de Piltdown encerraba otra «monada» fraudulenta! La revista
«Science
Newsletter» nos lo explica en los siguientes términos: «Una de las
farsas
más famosas desveladas por pruebas científicas fue la del hombre de
Piltdown, hallado en Sussex, Inglaterra... y que según suposiciones de
algunos tenía 500.000 años de antigüedad. Después de intensas
polémicas
resultó ser no un hombre primitivo, sino un compuesto del cráneo de un
hombre moderno y la mandíbula de un simio. La mandíbula había sido
`tratada`
con bicromato de potasio y hierro para que pareciera mineralizada». ¡El
cráneo fue sacado de un cementerio medieval! ¡Y hasta los dientes le fueron
limados para que parecieran más antiguos! Como se señaló en
»Selecciones del
Reader's Digest»: «Cada pieza importante resultó ser una
falsificación. ¡El
hombre de Piltdown fue un fraude de cabo a rabo!»
Puesto que los evolucionistas teorizan que procedemos de los
australopitecos, «suponen lógicamente» que antes de convertirse en
hombres
modernos, esos simios debieron de evolucionar hasta transformarse en una
especie de «hombre» infrahumano y bestial. Entonces, ¿qué
aspecto podría
haber tenido tal criatura inexistente? ¡Pues más o menos humano, pero a la
vez muy peludo, con cejas muy pobladas, encorvado y medio bobo! Es decir,
¡idéntico a como uno se imagina un «eslabón perdido»!
De ahí que cuando los científicos descubrieron ciertos esqueletos
humanos antiquísimos en el valle de Neander, en Alemania, rápidamente lo
llamaron «hombre de Neandertal», ¡y «reconstruyeron» su
cuerpo y su figura
para que se ajustara al aspecto que, según ellos, debía de tener un
«hombre»
infrahumano!
Pero la enciclopedia «Collegiate» escribió: «Tradicionalmente se
ha
representado al hombre de Neandertal con cuello de toro, patizambo, de andar
encorvado y apariencia algo bestial. Lo cierto es que el hombre de
Neandertal no tenía ninguno de estos rasgos: ¡caminaba erecto, y era tan
agradable a la vista como el hombre contemporáneo!» Es decir, ¡que el
«hombre de Neandertal» tenía el mismo aspecto que nosotros! ¿Por
qué?
¡Porque el llamado «hombre de Neandertal» era en realidad un hombre
moderno!
El mundo se ha tragado el engaño de que los antiguos esqueletos humanos que
se han desenterrado eran restos de un hombre más «primitivo»,
¡cuando en la
práctica no son más que restos del hombre moderno, que ya existía
hace
mucho! ¡Pero los evolucionistas jamás lo admitirían!
La Enciclopedia prosigue diciendo: «Un dato singular sobre el hombre de
Neandertal es que en los machos el volumen del cerebro oscilaba entre 1.425
y 1.641 cc., con un promedio de 1.553 cc. El volumen cerebral medio del
hombre actual es de aproximadamente 1.350 cc. De ahí que el tamaño promedio
del cerebro del hombre de Neandertal era considerablemente mayor que el del
hombre contemporáneo.» ¡Conjeturar, pues, que el hombre de Neandertal
«pertenecía a una especie infrahumana más primitiva y menos
inteligente» es
totalmente absurdo!
¡Otro problema que desconcierta a los evolucionistas es el hecho de que
restos de hombres de tipo moderno se han encontrado en los mismos estratos
geológicos que los supuestos hombres «prehistóricos», lo que
demuestra que
el hombre existió en la misma época que aquellos simios erectos y que el
hombre de Neandertal! En 1947, en Fonte Chevade, Francia, fueron hallados
otros restos de hombres de tipo moderno en capas inferiores y más antiguas
que los de sus «antepasados prehistóricos», que se presumía eran
más
primitivos. La enciclopedia «Collegiate» concluye: «El hombre de Fonte
Chevade nos brinda pruebas de que el homo sapiens (hombre moderno) en
realidad precedió al hombre de Neandertal en orden de aparición».
De modo que los evolucionistas tienen que admitir que el «homo
sapiens» -los seres humanos normales de tipo moderno- rondaban por la tierra
al mismo tiempo que los presuntos pitecántropos, y antes que los hombres de
Neandertal, ¡de quienes imaginariamente evolucionamos! ¡Ja! Dicho de otro
modo, el hombre no desciende del mono, ¡sino que ambos coexistieron
simultáneamente como especies distintas claramente definidas! ¡El hombre es
el mismo hoy en día que en ese entonces, y aquellos monos serían
también
iguales, de no haberse extinguido!
¡Hace falta más fe para creer en la evolución -ese cuento ficticio
increíble, inverosímil, confuso y plagado de contradicciones sobre los
orígenes del hombre- que para aceptar la explicación sencilla e inspirada
que nos brinda Dios en Su Palabra! ¿Y tú? ¿En qué crees?
¿En la Verdad de
Dios, o en ridículas fábulas evolucionistas?
¡Hoy en día la mayoría de las personas no saben en qué creer!
No tienen
ni idea de hacia dónde se dirigen. ¡Muchos no tienen perspectiva alguna de
la realidad, desconocen el sentido de la vida, no saben quiénes son, o si el
hecho de que estén vivos tiene objeto o valor alguno! Dado que la diabólica
teoría de la evolución ha socavado en sus corazones y conciencias el
único
fundamento seguro de Verdad, han quedado desprovistos de toda base en qué
afirmar sus vidas.
Si quieres la Verdad pura y simple de Dios, basta con que te humilles
como un niño y pidas a Jesús que te abra los ojos y entre a formar parte de
tu vida. Por eso dijo Jesús: «Si no os volvéis y os hacéis como
niños, ¡no
entraréis en el Reino de los Cielos!» (Mateo 18:3)
¡Dios es el único capaz de dar sentido al universo, propósito a los
planetas, amor a nuestro corazón, paz a nuestros pensamientos, reposo a
nuestro espíritu, felicidad a nuestra vida, alegría a nuestra alma y
sabiduría para comprender que «el temor de Dios es el principio de la
sabiduría» (Proverbios 9:10), y que «la sabiduría de este mundo
es
insensatez para con Dios»! (1Corintios 3:19) Jesús dijo: «¡Si
permaneciereis
en Mis Palabras, conoceréis la Verdad, y la Verdad os hará libres!»
(Juan
8:32), ¡libres del pecado, de nuestro ego, de la hipocresía y de las
condenadas mentiras -como el evolucionismo- que embaucan y engañan a tantos!
¡Por qué es la evolución una mentira increíble!
(1) La palabra «ciencia» quiere decir textualmente «saber»; de
donde el
evolucionismo no es una verdadera ciencia, ¡puesto que no se puede demostrar
ni «saber»! Margaret Mead, la afamada evolucionista, dijo en la
introducción
de su libro: «Como científicos serios, hemos de confesar que no existe ni el
menor indicio de prueba concreta que sustente la teoría de la
evolución».
(2) El evolucionismo no es más que una serie de creencias filosóficas
que hay que aceptar por fe. ¡Al pretender dar una explicación al origen del
universo y del mundo, y a la génesis y naturaleza del hombre, la teoría de
la evolución es simple y llanamente una religión!
(3) ¡El evolucionismo es antidiós! Hitler se valió de él como
pretexto
para promover el nazismo, y Carlos Marx llegó a declarar: «¡El
evolucionismo
es la piedra angular del comunismo!» Si, como dice la Biblia, «Por sus
frutos los conoceréis» (Mateo 7:20), ¡los «frutos» del
evolucionismo son
régimenes despiadados, guerra y muerte!
(4) Dios creó las muchas formas de vida animal y vegetal encuadradas en
«especies» determinadas y bien definidas, y como lo ha demostrado una y otra
vez la ciencia -contrariamente a la doctrina evolucionista-, ¡les es
imposible pasar de una especie a otra!
(5) El evolucionismo afirma que las mutaciones casuales constituyen «el
componente básico de las transformaciones evolucionistas». Sin embargo, a
pesar de haber llevado a cabo millones de pruebas, ¡los evolucionistas no
han logrado alterar favorablemente ni una sola mosca de la fruta!
(6) ¡Jamás se ha hallado un solo «eslabón perdido» entre
el hombre y el
mono!
(7) El evolucionismo sostiene que toda la Creación evoluciona
permanentemente hacia formas más complejas. Esta suposición, sin embargo,
está en franca oposición a una ley de la física que ha sido
demostrada y
aceptada universalmente, la segunda ley de la termodinámica, que dice: «Todo
proceso (que no esté sometido a ninguna influencia exterior) tiende hacia un
estado de mayor desorden, desorganización y desarreglo, y de menor
complejidad».
(8) Si no crees que el relato de la Creación del libro del Génesis es
históricamente exacto y una autoridad de inspiración divina, tampoco puedes
confiar entonces en los autores del Antiguo y Nuevo Testamento -que con
frecuencia se referían a él-, ¡ni siquiera en el mismo Jesús,
que citó dicho
relato en Mateo 19:4-5! (Véase asimismo Lucas 16:31.) ¡Pero lo cierto es que
la Biblia dice la verdad, es la Palabra infalible de Dios, y eso es motivo
de sobra para no creer la diabólica mentira de la evolución!
¿Amén?

http://www.lafamilia.org/lectura/tesoro/index2.php3?refidD3



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